miércoles, 16 de septiembre de 2009

"Los dueños de la palabra" (Página/12, 16-09-09)

Miércoles, 16 de septiembre de 2009
Medios y comunicación

Los dueños de la palabra

Guillermo Mastrini y Martín Becerra adelantan los contenidos de su libro Los dueños de la palabra, que se presenta esta semana.

Por Martín Becerra * y Guillermo Mastrini **

Una de las preguntas recurrentes en los debates públicos sobre la concentración de medios es: ¿qué tan concentrada está la comunicación que circula, industrialmente, en nuestra sociedad? ¿Es novedoso el grado de concentración de los medios? Desde hace años, nuestro trabajo de investigación procura responder estos interrogantes, con datos empíricos. Por ello, hemos publicado el libro Los dueños de la palabra: acceso, estructura y concentración de los medios en la América latina del siglo XXI (Prometeo).

La convergencia tecnológica, de servicios y mercados, y la dinámica de actuación supraestatal de buena parte de los actores corporativos agregan una gran complejidad al funcionamiento de los medios de comunicación y revelan la limitación de las regulaciones que intentan artificialmente establecer diques legales a un proceso tecnológicamente irreversible que interpela, entonces, la capacidad y creatividad de orientación de las políticas.

Si la concentración de cualquier actividad en pocas manos reduce la diversidad, erosiona la innovación y empobrece la dinámica de ese sector, en los medios de comunicación se afecta, además, un derecho fundamental. Los medios son los que vertebran en buena medida las noticias y las concepciones que la población construye sobre su cotidiano. Sobre esta premisa, las constituciones modernas y los tratados de derechos humanos han alertado acerca de la necesidad de promover el pluralismo.

El libro Los dueños de la palabra procura identificar la estructura del sector de la cultura y la información industrializadas; relevar el acceso social a ese sector y cuantificar los procesos de concentración de los principales actores.

El trabajo refiere a los medios de comunicación (diarios, radio, televisión abierta y televisión por cable), a otras industrias culturales (editorial gráfica, fonografía y cinematografía), a las telecomunicaciones (telefonía básica y móvil) e Internet. Estos sectores, por su cualidad convergente, son aludidos como “infocomunicacionales”. El trabajo de investigación se localizó en la Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela y España.

En un libro previo, Periodistas y Magnates (2006), corroboramos los niveles de concentración en la región comparando país por país y presentando un marco de teorías y metodologías que avalaban el estudio. El método empleado –que continuamos en el nuevo libro– permite obtener indicadores de concentración de los cuatro principales actores en cada una de las industrias infocomunicacionales.

En la Argentina, tomando en cuenta la influencia de las cuatro primeras empresas en cada uno de los mercados, resulta que el promedio de concentración es muy elevado: representa el 84 por ciento por parte de los primeros cuatro operadores, en el caso de la facturación, y el 83 por ciento en el caso del dominio de mercado (siempre se trata de promedios). Los porcentajes demuestran la consolidación de una situación estructural: las industrias culturales y de telecomunicaciones argentinas se hallan fuertemente controladas por las primeras cuatro firmas. Esta situación se agrava al contemplar los grupos a los que esas firmas pertenecen: generalmente se trata de los mismos dueños que están ramificados en todas las hileras productivas en casi la totalidad de las industrias consideradas. Particularmente los casos de Clarín y Telefónica se destacan como grupos dominantes, si bien en algún caso existen grupos emergentes (como el de Vila-Manzano-De Narváez) que aspiran en el futuro a incrementar su participación en el mercado.

La tendencia entre los indicadores de concentración del año 2000 y los de 2004 confirma un aumento que profundiza la participación de menos actores en condiciones cada vez más dominantes: de un promedio del 78 por ciento para los primeros cuatro operadores por dominio de mercado en el año 2000 se pasa a un promedio de 83 por ciento en 2004. En el caso de la facturación, la tendencia exhibe un incremento todavía mayor: de una participación del 73 por ciento en promedio por parte de las cuatro primeras empresas en el año 2000 se pasó a un 84 por ciento en 2004.

Ambas tendencias merecen analizarse como parte de un proceso en el que las condiciones políticas y económicas (la historia de las medidas de los distintos gobiernos, el mayor poderío de los actores principales generalmente auxiliados económicamente por el Estado y el debilitamiento, gracias a su estrategia de funcionamiento en escala, de las empresas y actores más pequeños) favorecen la concentración de la propiedad en los mercados estudiados. Lejos de ser el resultado de un proceso “natural”, la concentración en la Argentina ha tenido causas políticas y económicas concretas de las que dan testimonio las últimas tres décadas. Más allá de las interpretaciones y posicionamientos variopintos, los índices de concentración reclaman una atenta mirada por parte de la sociedad, ya que están condicionando su potencial deliberativo.

* Investigador del Conicet, doctor en Comunicación por la Universidad de Barcelona, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes y de la UBA. .

* * Docente de la UBA y de la Universidad Nacional de Quilmes. Imparte cursos de posgrado en las universidades nacionales de La Plata, Córdoba y Buenos Aires.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

Des-concierto mediático

Romper el cerco de los medios (por La Budinera)

Subo al blog una versión digitalizada del volante que el grupo La Budinera repartió durante la marcha del 27-08-09. Se trata de una buena reflexión y repaso de las razones que nos llevan a apoyar la iniciativa del Poder Ejecutivo.
Como no tengo escáner, le saqué fotos al volante y luego las arreglé con Photoshop para hacer más legible el texto; sabrán disculpar si la calidad no es la óptima.

Las imágenes se agrandan al hacer click sobre ellas.

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martes, 8 de septiembre de 2009

Neoliberalismo, medios de comunicación y democracia (por R. Forster)

El siguiente texto, escrito por el filósofo Ricardo Forster, fue publicado en el diario Página/12 del 08/09/09 (http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-131394-2009-09-08.html). Expone, fluida y claramente, la relación entre los medios masivos de comunicación y el neoliberalismo, y la importancia de aquellos para la difusión de éste. Marqué varias partes del texto, las que consideré más relevantes y que me hicieron postearlo aquí, en negrita.

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“El espectáculo se presenta como una enorme positividad indiscutible e inaccesible. No dice nada más que esto: ‘lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece’. La actitud que por principio exige es esa aceptación pasiva que ya ha obtenido de hecho gracias a su manera de aparecer sin réplica, gracias a su monopolio de las apariencias.”
Guy Debord


1 En el mismo momento histórico en el que caía el Muro de Berlín y se desplomaba como un castillo de naipes el sistema soviético, cuando casi atónitos contemplamos la apertura de una época que de un modo arrollador se deshacía de imágenes, lenguajes políticos, ideologías y prácticas que habían convulsionado y apasionado durante más de un siglo a hombres y mujeres de las geografías más diversas y distantes, lo que emergió como exponente de una nueva época del mundo fue la forma neoliberal del capitalismo tardío.

Las últimas décadas del siglo XX estuvieron atravesadas por la hegemonía de un discurso que se ufanaba de haber concluido, de una vez y para siempre, con las disputas ideológicas, al mismo tiempo que afirmaba la llegada de un tiempo articulado alrededor de la economía de mercado y de la democracia liberal. Fin de la historia y muerte de las ideologías para desplazarse, ahora, por los espacios rutilantes del consumo, el reino de las mercancías y el goce hedonista. Los escenarios, ya antiguos, de las conflictividades políticas y sociales serían pacientemente reconstruidos en los nuevos museos temáticos, sitios interactivos en los que el visitante de estos tiempos poshistóricos podría contemplar aquello que sucedía en los días ideologizados. La paz del mercado desplazó, eso se anunció a los cuatro vientos, las oscuras turbulencias de una historia dominada por el conflicto y la intransigencia de los incontables, de esas masas anónimas, oscuras y resentidas que regresarían a ese sitio del que nunca debieron haber salido. Las tradiciones del igualitarismo fueron a parar al vertedero de la historia. Hizo su aparición triunfal el nuevo ciudadano-consumidor, figura arquetípica de un clivaje hiperindividualista en el interior de la sociedad, ese que se desplazaría con fervor de iniciado por los santuarios de las metrópolis contemporáneas: los shopping centers.

Pero lo que también comenzó a ser desmontado, junto con el vertiginoso giro de la economía de producción a la economía de especulación, fue el imaginario social que acompañó el tiempo del capitalismo bienestarista, aquel que hizo, a partir de la segunda posguerra, del Estado un referente insustituible a la hora de articular las relaciones entre el capital y el trabajo (del New Deal rooseveltiano, pasando por nuestra experiencia de un Estado de Bienestar bajo el primer peronismo hasta llegar a la edad de oro del bienestarismo socialdemócrata europeo, ese modelo fue lo propio de un largo período de la historia del siglo XX que sería brutalmente desmontado por el neoliberalismo allí donde inició su derrumbe el modelo, ya fracasado desde tiempo antes, del socialismo autoritario de la URSS, dejándole al capital, de todos modos, las manos libres para convertirse en el amo de la nueva situación mundial). El pasaje de la metáfora fabril a la metáfora financiera (adiós a las chimeneas y a los sindicatos, bienvenidos los yuppies de Wall Street, las carteras de inversores, la flexibilización laboral y el trabajo basura) vino a expresar la bancarrota de prácticas que remitían a una época esclerosada; puso en evidencia que estábamos en presencia de una mutación fundamental del capitalismo, y que esa mutación no iba a detenerse hasta resemantizar la totalidad de los lenguajes sociales, económicos, políticos y culturales.

Dicho de otra manera: el neoliberalismo, su lógica más profunda y decisiva, se dirigía hacia una transformación revolucionaria del conjunto de la vida social. En esa tarea de desmontaje de las viejas formas de vida y de representación, seguida de la construcción de una nueva subjetividad entramada con las demandas de la economía global de mercado, ocuparían un lugar central y privilegiado los grandes medios de comunicación. Pensar el neoliberalismo es interrogar por ese maridaje extraordinario entre mercancía e imagen, entre mercado y lenguaje mediático; es tratar de comprender el fenomenal proceso de culturalización de la política y de estetización de todas las esferas de la vida. Una de las derivaciones de este proceso ha sido la expropiación de la política, y su consiguiente vaciamiento, por el lenguaje de los medios de comunicación.

2 Lo que el filósofo francés Guy Debord, con anticipación genial –allá por los años ’60–, había denominado la “sociedad del espectáculo”, aquella que se desplazaba hacia el dominio pleno y escenográfico de la pasión consumista y de sus “paraísos artificiales”, transformando a los seres humanos en espectadores cada vez más pasivos del verdadero sujeto de la época, la mercancía, constituyó lo propio de la travesía neoliberal. Se trató de una apropiación, por parte del capitalismo, de las fantasías y los deseos al mismo tiempo que se expandía planetariamente la industria del espectáculo, y la cultura, adecuada a los lenguajes audiovisuales y a su enorme capacidad de penetración, se convertía en una mercancía clave para la producción de una nueva humanidad. Lo que había prefigurado Hollywood desde los años ’30 y ’40, mostrándose como la avanzada brillante, innovadora y compleja de la americanización del mundo, señalando la importancia decisiva de la industria del espectáculo como vanguardia en la construcción de los nuevos imaginarios sociales, terminó siendo la materia prima a partir de la que el neoliberalismo logró naturalizar sus valores y sus intereses. Es inimaginable el despliegue planetario, global, del capitalismo financiero-especulativo, su capacidad para volverse hegemónico, sin ese rol decisivo de los medios de comunicación.

Por esas paradojas de la historia, los primeros que se dieron cuenta de la monumental importancia de las nuevas tecnologías de la comunicación y su relación directa con la política fueron los regímenes fascistas. Mussolini en Italia y Hitler y Goebbels en Alemania capturaron con maestría mefistofélica los poderes que emergían de la radiofonía. Con el giro de los acontecimientos, y una vez derrotado el totalitarismo, las triunfantes democracias occidentales se apropiarían con igual fervor de los potenciales propagandísticos y generadores de imaginarios social-culturales, que se guardan en los medios de comunicación de masas. La política quedó atrapada en esa lógica discursiva e iconográfica al mismo tiempo que la estetización y espectacularización emanados de los recursos propios de esos lenguajes contaminaban casi todas las esferas de la vida cotidiana. La astucia genial del sistema fue proyectar en la compleja trama a la que llamamos sociedad (transformada, por los mismos medios, en “opinión pública”) la imagen de que la corporación mediática era portadora de independencia, autonomía y capacidad crítica al mismo tiempo que garantizaba la libertad de expresión. Lo que se logró fue invisibilizar los lazos esenciales que vinculaban y vinculan a estas empresas con los intereses económicos dominantes. El neoliberalismo, como ideología del capitalismo tardío, comprendió que no era posible garantizar una profunda transformación económica si, al mismo tiempo, no se cambiaba la manera de mirar el mundo y de comprender la realidad. De lo que se trató es de la intensiva producción de un nuevo sentido común.

Más allá de la sobrevaloración, siempre discutible, que se pueda hacer del papel de las corporaciones mediáticas como definidoras de la opinión pública y como constructoras decisivas del sentido común, lo cierto es que ocupan un lugar destacadísimo en la estrategia de dominación del neoliberalismo. Son un factor sin el cual le sería muy difícil, a esa ideología, transformar sus intereses particulares en intereses del conjunto de la sociedad, mutando prácticas egoístas y exclusivamente ligadas al lucro y la rentabilidad en valores naturalizados en el interior de las conciencias. La proliferación de los lenguajes audiovisuales, su profundo arraigo en la intimidad de la vida cotidiana exigen, de la misma sociedad, una indispensable herramienta que le permita legislar adecuadamente impidiendo que la tendencia a la concentración y a la monopolización hagan del espectro comunicacional una incansable repetición del sentido común neoliberal. Entre la ideología y el mito, los lenguajes emanados de la corporación mediática apuntalaron el despliegue de nuevas formas de la subjetividad adheridas al reino de valores de un capitalismo que se leyó a sí mismo como la estación final y consumada de la historia.

De ahí, entonces, la crucial importancia que adquiere, en términos de una ampliación de la circulación democrática de la comunicación y la información, el debate que se está llevando a cabo en el Congreso de la Nación en torno del proyecto de una nueva ley de servicios audiovisuales. Lo medular de la disputa político-cultural se juega en estas discusiones, no porque una ley vaya a garantizar una espontánea transformación de los valores reinantes sino porque, al menos, logrará impedir que sigan proliferando los monopolios y abrirá el juego para que otros actores entren en la conversación. De eso se trata, entre otras cosas, la democracia. Dicho de otro modo: en una sociedad atravesada de lado a lado por los lenguajes de la comunicación y la información resulta inimaginable que ese campo abrumador y decisivo permanezca al margen de las grandes disputas político-culturales. En el interior de ese mundo en el mundo se despliegan imágenes, ideas, proyectos, lenguajes, formas de la sensibilidad, mitos que se entraman capilarmente en la cotidianidad de nuestras vidas. Leerlos desde la inocencia o creyendo que en su interior se privilegian centralmente los modos de la diversidad y la pluralidad constituye, a estas alturas de la travesía argentina y mundial, un desplazamiento del eje de la discusión hacia la más crasa complicidad con los factores de poder que se manifiestan en los núcleos duros y concentrados de los medios masivos de comunicación. La búsqueda, tal vez ilusoria pero imprescindible, de una mayor democratización en la distribución y producción de la comunicación es un desafío de primera magnitud a la hora de imaginar un giro más participativo y plural. El poder corporativo lo sabe y, por eso, va con todas sus armas contra un proyecto de servicios audiovisuales que viene a amenazar su hegemonía.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Pequeño diccionario Español-Clarín

Atentos a las dificultades que, especialmente en los últimos tiempos, supone afrontar la lectura o escucha de cualquiera de los medios correspondientes a las 274 licencias que posee el Grupo Clarín, les ofrecemos este práctico diccionario, ideal para imprimir y llevar en el bolsillo.

Acción social: Clientelismo.

Capitalismo: Democracia.

Condena verbal: 1. (realizada por la Presidente) Soberbia; "retórica cargada de violencia e intolerancia" (Joaquín Morales Solá). 2. (realizada por la oposición) "Afirmó/dijo/sostuvo X".

Corte (de calle, de ruta): v. Piquete.

Chávez: Dictador (v. Venezuela).

Cristina Fernández: 1. Cristina Kirchner. 2. Cristina Fernández de Kirchner.

Defensa encubierta de intereses corporativos: Periodismo independiente.

Elecciones: 1. (si las gana la oposición) Expresión legítima de la voluntad popular. 2. (si las gana el Gobierno) Fraude.

Intelectual: 1. (si está en contra del gobierno) Intelectual, eminencia. 2. (si apoya críticamente al gobierno) Intelectual K.

Jugada política: 1.(efectuada por la oposición) Jugada política, reglas del juego. 2. (efectuada por el Gobierno) Autoritarismo, oportunismo, violación de la democracia, inconstitucionalidad.

Kirchner: Chávez (v.) (definición aportada por el Dr. Joaquín Morales Solá).

Libertad de mercado: Libertad de expresión.

Lock-out patronal: Paro.

Mal: 1. Venezuela (v.). 2. Chávez (v.).

Manifestación: 1. (a favor del Gobierno) Caos en el tránsito. 2. (Protagonizada por personas pobres o agrupaciones sociales) Caos en el tránsito. 3. (En contra del Gobierno) Gesta Nacional.

Marcha: v. Manifestación.

Marcha de apoyo al Proyecto de Ley: 1. Marcha K. 2. "Un perfecto día chavista" (Joaquín Morales Solá). 3. ( - ) Espacio en blanco correspondiente a la no-cobertura.

Menem, Carlos Saúl: palabra sin equivalencia correspondiente debido a que no se registran apariciones significativas.

Nos mean: Llueve (definición aportada por Eduardo Galeano).

Nuestro,a: adj. De la clase media. "Nuestros hijos", "nuestros derechos", "nuestra seguridad".

Odio: Sentimiento del cual está lleno D'Elía, ese negro de mierda (definición extraída del Diccionario de la Real AcaMedia argentina).

Patria: Campo.

Periodistas de los grandes grupos: Periodistas.

Piquete: 1. (realizado por organizaciones sociales o personas en situación de pobreza) Acto criminal; violación del derecho de los vecinos (v.) a circular libremente. 2. (realizado por sectores medios y altos para defender sus privilegios) Acto virtuoso; ejercicio del derecho cívico de protestar contra la tiranía.

Pobreza: 1. Inseguridad. 2. Peligro (v. villa).

Presidente electo: 1. (en países capitalistas) Presidente. 2. (en países socialistas) Dictador (v. Capitalismo).

Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual: Ley K de Control de Medios.

Proyecto debatido desde marzo de 2009 en 24 foros y 80 charlas abiertas a nivel nacional: “Falta debate”. “El oficialismo intenta sofocar el debate” (Clarín, 03-09-09).

Recambio parlamentario: Cambio de gobierno.

Reserva del 33% del espectro para personas jurídicas sin fines de lucro (asociaciones, mutuales, etc.): Órganos de propaganda (definición aportada por la Senadora M.E. Estenssoro).

Sobre: sust. Voz. "A dos voces" (definición aportada por Hebe de Bonafini).

Subjetividad: Objetividad.

Venezuela: País al que cada vez nos parecemos más (v. Chávez).

Villa: 1. Inseguridad. 2. Peligro (v. Pobreza).


Los invitamos a aportar otras definiciones.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Para descargar el Proyecto de Ley

Haciendo click AQUI, pueden descargar el Proyecto de Ley en pdf.

También pueden bajarlo desde la página del Comfer.

martes, 1 de septiembre de 2009

27-08-09: Así cubrió Clarín la manifestación

Así cubrió el diario Clarín la manifestación realizada el 27 de agosto en apoyo del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual:

El tránsito en el centro porteño fue un caos por dos manifestaciones

19:55|Un grupo marchó por 9 de Julio hacia Avenida de Mayo y luego a Plaza de Mayo. La otro protesta fue en Corrientes y Callao, lo que generó un gran congestionamiento.

Congestión de tránsito en las principales avenidas del centro porteño. (Imagen TV)

A un día de extremo calor se le sumó el problema del tránsito, que estuvo intensamente cargado durante toda la tarde. En los accesos a la Ciudad de Buenos Aires y en las principales avenidas porteñas la circulación de vehículos fue "lenta". Pero la gran congestión se concentró en la avenida 9 de Julio, donde miles de manifestantes se aglutinaron para protestar y se dirigieron hacia la Plaza de Mayo.


En la avenida Callao también se registró una intensa acumulación de vehículos debido a una manifestación de miles de personas que protestaron frente al Ministerio de Trabajo. Ambas avenidas ya se encuentran liberadas, con tránsito ligero y sin demoras.

Pasadas las 9.30, el tránsito en las principales avenidas y calles porteñas estaba muy cargado, con demoras en especial en las zonas del Obelisco y en las inmediaciones del Congreso Nacional y Plaza de Mayo.

Las demoras se extendían además en distintos tramos de las avenidas Leandro N. Alem, Córdoba, Santa Fe, Rivadavia, Entre Ríos y en ambas manos de la avenida 9 de Julio, puntualizaron los voceros.


Se refiere, claro está, a la marcha en apoyo del proyecto de Ley. La otra manifestación fue contra la administración macrista. Si bien esto no es nuevo, el tratamiento -mejor dicho, encubrimiento- que realiza Clarín de ciertos acontecimientos empieza a parecer una parodia de sí mismo. ¿Hace falta enumerar los motivos?
Sí. Siempre hace falta. Toda manifestación, acto de reclamo o movilización social es presentada por Clarín y sus aledaños como un "caos en el tránsito". Mientras se omite directamente mencionar el por qué de las manifestaciones, se enfatiza en cambio todo lo que contribuye a fomentar el malhumor constante y la queja narcisista tan bien aceitada entre los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires: el calor y las demoras en el tráfico. Los manifestantes se "aglutinaron" para protestar, como si en lugar de personas movilizadas por un motivo específico se tratase de líquidos o masas inertes.

Aprovecho la ocasión también para hacer una fe de erratas: en el post del 27 de agosto, cuando dije que los medios invisibilizaron la marcha de apoyo, estaba equivocado. Allí debe decir: TN dio la noticia, rotulando la manifestación, a la que asistimos organizaciones sociales diversas, partidos políticos, sindicatos y personas de a pie, sencillamente como "Marcha K".